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images (2)Me declaro Stanleykubrickista, sí eso existe. Tarantinesca y Truffautista.

Soy sobre todo antipalomista y nada fan del cine comercial, de ese que para aguantarlo hay que tener por lo menos palomitas que ayuden al sacrificio.

Si algo me puede reconciliar con la vida es pensar en una buena película; recordar esa escena catártica, reconocer la canción de un soundtrack inconfundible, repetir la cita memorable… amar el cine.

Mi primera película en un cine como tal fue a los 15. Crecí en una familia religiosa donde la austeridad era lo único que traían l@s hij@s bajo el brazo. En aquel entonces comenzaba el bachillerato ceceachero, ahí, hacer reseñas de películas era y tal vez sigue siendo la asignación favorita de l@s profes. El abono de la Muestra Internacional de Cine para los y las ceceacheros/as era un billete ida y vuelta a Europa, América Latina, Japón, Estados Unidos… era nuestro templo.

Ahí conocí a Almodóvar, a Bigas  Luna, a Kurosawa, a Orson Wells, a Riddley Scott (punto y suspiro).

Conocí aquello que decían en la tele cuando era niña y yo no iba al cine porque era “malo”: la pantalla gigante.

La pantalla gigante dejaba en ridículo mi tele de 12 pulgadas que llevaba con una mano de la habitación a la cocina y de la cocina a la sala, según donde estuviera limpiando. Después de que pantalla gigante entró en mi vida, las películas en la tele no volvieron a ser las mismas, ni siquiera las de canal 11 (buenísimas!).

En la sala de cine, era la única sin palomitas durante la película y quien se quedaba a ver los créditos hasta el final.

Hoy si me pusieran un fragmento de una peli, puedo decir casi de inmediato, qué película es, de qué año, de qué país y lo más importante quién la dirigió. Sí soy ñoña. Gasto mi memoria RAM en estos datos que ni fu ni fa, pero me encanta. Y ahora creo que puedo escribir de vez en cuando sobre las pelis, desde aquéllas que dan cólera por su malogrado nacimiento hasta las que me siguen dejando sin suspiros nomás de recordarlas. No será una crítica profesional, ni tampoco actual, ni mucho menos comercial es más ni siquiera periódica. Entonces qué? Pues una lectura crítica común de una amante del cine como medio educomunicativo.

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