Home

images (3)

Por Ana Bravo Mejía

Érase una vez hace miles de años un oficio que como muchas ocupaciones antiguas evolucionó hasta convertirse en una flamante profesión, la escritura. Fue así como el arte de escribir pasó de las plumas de aves o cañas huecas que usaban los primitivos escribanos, copistas y/o amanuenses a los ordenadores portátiles de guionistas, periodistas, novelistas, poetas, literatos, dramaturgos, publicistas, redactores, ensayistas y todo aquél que estos días se gana la vida con el lenguaje escrito.

Tradicionalmente los personajes principales en esta historia han sido aquéllos que con solo palabras han logrado emocionar y llevarnos a mundos, reflexiones y anécdotas inesperados. La magnitud en talla de estos personajes ha sido tal, que a cualquier otro escritor no reconocido lo hace ver tan minúsculo como una coma. Esta pequeñez paradójicamente aumenta cuando un novato cuentista exhausto y rendido entiende que las editoriales abren sus puertas sólo cuando llega el proveedor de papel.

La humanidad entonces, co-protagonista de esta narración, se ha limitado a leer (en el mejor de los casos). A los niños se les leen cuentos por la noche, después de todo, ¿para qué les serviría escribir un diario?, son tan pequeños. Los jóvenes escriben reportes de las lecturas en clase, porque crear historias parece ser insignificante, hacerlos escribir sobre lo que ya está escrito es mejor. Y ya de grandes, trabajando en la oficina sabemos que todo está en Internet, así que en caso de necesitar reportes urgentes, un copy paste soluciona todo.

En esta, como en toda historia, existe un personaje diferente con ideas contrarias a las tradicionales, con el corazón lleno de esperanza y un trabajo vestido de constancia que sólo puede terminar en éxito. Este innovador actor se ubica en la calle Valencia, número 826, de la ciudad de San Francisco, Estados Unidos. En esa dirección realiza sus operaciones y lleva a cabo actividades gratuitas con estudiantes de entre 6 y 18 años. Este personaje es nada más y nada menos que un centro social dedicado a apoyar a niños y adolescentes en el desarrollo de habilidades de escritura creativa y expositiva.

El centro de escritura 826 Valencia fue fundado en 2002 por el escritor Dave Eggers y la educadora Nínive Calegari. Seis años después se encuentra operando también en la ciudad de Nueva York, Los Angeles, Michigan, Seattle, Chicago y Boston.

Cada día de la semana, después del horario regular de clases, 826 Valencia asesora estudiantes bajo un programa de tutores que trabajan uno-con-uno con los estudiantes, los tutores-voluntarios también participan en un programa de visitas a escuelas locales y las escuelas a su vez hacen excursiones programadas con sus grupos para asistir a una clase especializada en 826 Valencia. Aunque son sólo voluntarios, los tutores tienen experiencia en diferentes áreas de escritura: desde escribir tiras cómicas y guiones para películas hasta ciencia ficción.

Pero si ya sabemos cómo va terminar este cuento, ¿para qué escribir si es difícil publicar?.

Este es un buen momento para referirnos a la existencia de otra historia, una no muy lejana a la nuestra, donde se cuenta sobre las tecnologías de la información y la comunicación, así como su acelerado desarrollo a partir de la aparición de Internet. En ella se describe cómo mediante redes, software, servicios y dispositivos operando por medio de sistemas informáticos se ha logrado acercar cualquier información a millones de individuos en el planeta y cómo estos mismos individuos han pasado de ser austeros consumidores de información a autores y creadores de contenidos.

Mientras usted lee, millones de blogs están siendo actualizados por sus autores; billones de jóvenes, adultos y mayores pertenecen a redes sociales donde publican y comparten sus propias fotografías, videos y música; y un sinnúmero de artículos wiki están siendo elaborados por tres, quince o más personas al mismo tiempo en diferentes puntos del planeta sin siquiera conocerse. Estos son los servicios más destacables de la llamada Web 2.0, un Internet evolucionado que fomenta la colaboración y el intercambio ágil de información entre las personas y que ha brindado a cualquier individuo el poder de emitir, publicar, crear y comunicar.

Al avanzar en las historias e ir encontrando las moralejas, los personajes buenos, los malos y enterarnos del parentesco consanguíneo entre algunos de los protagonistas, inevitablemente sabemos que estamos llegando al final del relato.

826 Valencia lo ha dicho: “Nuestro trabajo se basa en la idea de que fuertes habilidades de escritura son fundamentales para el éxito en el futuro”. Y si el futuro está en Internet, ¿necesitamos decirle el final de esta historia?.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s